Si por alguna razón hubiera de vivir con lo preciso, admito que habría muchas cosas de las que hoy disfruto que echaría de menos; pero sé que, al cabo de uno tiempo, eso que ahora me parece indispensable pasaría a convertirse en comodidades de las que poder prescindir, sin que por ello mi vida sintiera retroceso. Princesita Mimí, Te Amo!!! y te dedico con cariño por ser una mamita hermosa, esta hermosa obra, con unos de mis músicos preferidos!
Plasmar un instante, detener el tiempo, sabotear el presente para hacerle un guiño y así distraerlo con la única intención de robarle un momento, para después, guardarlo en el baúl donde se depositan los sonidos, los sabores, los aromas. Rasgar el papel que recubre un regalo sorprendente que sin pretensiones te ofrenda una gama de maravillosos sonidos.
Si fuera posible encontrar un sólo músico o melómano que desconociera la música de jazz y que estuviera deseoso de darse una idea de lo que este género musical significa, no cabe la menor duda de que no quedaría satisfecho con una definición de éste tipo. Al ser el jazz el género que se nutre con todos los tipos de música que lo han precedido y, al mismo tiempo, el que ha llegado a influenciar a todos los posteriores, sería casi imposible encontrar a un individuo con esas características.
Por otro lado, una definición tan críptica no puede dar, ni siquiera a un experto en música, la idea más remota de lo que esta palabra de cuatro letras implica. Como dice John Fordham en su libro Jazz Encyclopedia: “Naturalmente, el jazz no se descubre en los libros. Hay que escucharlo, en vivo y en grabaciones, para que nos lleguen su exuberancia, su insolencia, su ingenio y su fuerza…”.